LAS LEYENDAS
DE GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER.
CARACTERÍSTICAS
DEL ROMANTICISMO
La defensa de la libertad está en la base de la ideología
romántica: se defiende la
libertad
individual, con el predominio de los
sentimientos y pasiones sobre la razón. Se trata de una liberación en todos
los órdenes, que se opone a las normas
sociales y morales.
Domina el “egocentrismo”, la exaltación
del “yo” frente al entorno, que no se concibe como una realidad
objetiva, sino que se presenta como una visión
irracional, tamizada por la imaginación, la fantasía y el estado de ánimo:
lo que existe no es la realidad externa, sino las pasiones y los sentimientos que suscita en el autor el mundo que le
rodea.
La visión personal del mundo lleva a
un individualismo exacerbado, que da
lugar a sentimientos puros y nobles,
utopías inalcanzables, que pretenden transformar el mundo, aunque este
idealismo choca con la realidad en que el romántico vive.
El choque con la realidad provoca la huida del entorno en tres
posibles dimensiones: en el espacio,
hacia una geografía lejana y exótica, en la que el romántico vive personalmente
sus experiencias o sitúa los asuntos de sus obras literarias (Grecia, Oriente,
América); en el tiempo, la
imaginación viaja al pasado, especialmente a la Edad Media, época legendaria y romántica; y también hacia el interior de sí mismo, para refugiarse
en los sueños, en la soledad, en un ambiente propicio a la
fantasía: la noche, la naturaleza, las ruinas, los cementerios. En los tres
casos, el resultado puede ser la desesperación,
el fracaso e incluso la muerte de unas vidas frenéticas y fugaces, que, al
sentirse incomprendidas por el entorno próximo, se consumen determinadas por un
destino fatídico.
El romántico busca la identificación con la naturaleza,
animada, sentimental, proyección de su
estado de ánimo. Se trata de una naturaleza virgen, exuberante, solitaria, casi siempre nocturna, que
se presenta como un escenario unas veces melancólico, presidido por la luna, la bruma, las ruinas; otras,
aparatoso y tétrico, con tormentas (naturaleza
salvaje e incontrolable), cementerios,
apariciones fantasmales y otros detalles macabros.
La libertad de creación en la obra literaria, en la que el sentimiento ha de fluir sin someterse a
la razón ni a normas preestablecidas: se mezcla lo trágico y lo cómico, lo
bello y lo feo, la prosa y el verso, el lenguaje culto y la expresión popular…
Recreación de tipos (personajes) al margen de la sociedad y la ley, rebeldes, estrafalarios,
marginales o fantasmagóricos sin temor a
su destino fatal ni a la muerte contra los que se encaran con valentía y a
quienes la sociedad, románticamente, ve como la personificación de la libertad: el pirata, los bárbaros, los
desheredades, los monstruos, el condenado a muerte, el verdugo, el mendigo, el jorobado,…
UN ROMÁNTICO
TARDÍO
Gustavo
Adolfo Bécquer
nació en Sevilla, en 1836. en pleno apogeo del realismo, este exquisito poeta
lírico encarna en su vida y obra la otra cara del Romanticismo: el intimismo.
Su
vida fue vivida hacia adentro,
sin aparatosidad ni grandilocuencia, en medio de la penuria económica, el
sufrimiento físico y la frustración espiritual. Instalado en Madrid, sus
ocupaciones giraron entre las colaboraciones periodísticas, los proyectos
editoriales y oscuros puestos burocráticos en la administración, entre ellos el
de censor, que no le sacaron de las estrecheces económicas.
Su
vida sentimental
fue un doloroso contraste entre su concepción idealizada del amor y de la
mujer, y la realidad prosaica de las mujeres a las que conoció. Amó
perdidamente a Elisa Guillén, mujer
muy hermosa pero vulgar, en la que Bécquer personificó su ideal de belleza y de
perfección espiritual: posiblemente ella le inspiró parte de las Rimas, en las que se plasmaría el
proceso de esta pasión, plena de éxtasis jubiloso al principio, y de amargura y
desesperación tras la crisis y ruptura final. En 1861, se casó con Casta Esteban, con la que mantuvo una
relación vulgar, que no dejó eco en su poesía y concluyó con la separación en
1868.
Tuberculoso desde muy joven, la
enfermedad fue consumiendo inexorablemente su vida, hasta su muerte prematura
en 1870, a los 34 años.
OBRAS EN
PROSA
La obra en prosa de Bécquer es muy
abundante, aunque oscurecida por su fama como poeta lírico: artículos
periodísticos, cartas literarias (Cartas desde mi celda, Cartas literarias a una mujer) y
descripciones artístico-costumbristas (Los
templos de España).
De ella destacan, sobre todo, las Leyendas, colección de relatos breves en los que domina el
gusto por lo exótico y lo fantástico,
lo misterioso y sobrenatural, lo nocturno, lo prodigioso, lo pintoresco de las costumbres: El rayo de luna, El caudillo de las manos
rojas, Maese Pérez el organista, Los ojos verdes…; todas bellísimos
ejemplos de poesía en prosa, en un
tiempo en que triunfa el realismo, la objetividad y el prosaísmo en literatura.
En muchas leyendas la recreación fantástica del pasado,
generalmente situado en la Edad Media,
adquiere unos tonos truculentos y terroríficos, con el predominio de lo nocturno, lo sepulcral y el mundo de
ultratumba, expresado con un lenguaje grandilocuente que pondera el carácter
extraordinario de los prodigios.
A pesar de esas recreaciones
aterradoras, lo fantástico y sobrenatural está tratado con un tono lírico, dominado por la indeterminación, la melancolía y un
halo misterioso y fatal, que
arrastra al protagonista a la frustración o la muerte.
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